Ya próximos a finalizar este año 2023, emerge nuevamente una reflexión sobre el rol de las instituciones de educación superior, y en específico de las universidades, en el fomento de la innovación y la transferencia tecnológica, no sólo como un beneficio institucional, sino como un propulsor del desarrollo regional y nacional.
Chile, como país, se encuentra en un momento crítico en el que la dependencia de sus tradicionales pilares económicos ya no basta. Aquí es donde la innovación y la transferencia tecnológica, lideradas por entidades de educación superior, se convierten en los nuevos motores de un desarrollo sostenible y diversificado.
La universidad no debiese observarse únicamente como un recinto productor de conocimientos y teorías: Las casas de estudio son también un espacio de experimentación, desarrollo e innovación donde se gestan ideas que transformarán nuestras sociedades. Las universidades se posicionan como un puente entre el conocimiento académico y las necesidades del sector productivo y social.
Al enfocarse en capacidades institucionales para la innovación basada en investigación y desarrollo, se deben abrir puertas hacia una interacción más significativa con el entorno. Las universidades, al fin y al cabo, deben ser vistas como aliadas estratégicas en el desarrollo regional, capaces de generar un "efecto dominó" en las economías locales y, por ende, en la economía nacional.
La transferencia tecnológica debe dejar de ser un concepto abstracto, materializándose en soluciones concretas que atienden a desafíos locales y globales.
Estos proyectos no solo son un logro para las universidades que lo adjudican, sino un llamado a todas las instituciones universitarias del país para abrazar este rol activo en la innovación y transferencia tecnológica.
El camino hacia un Chile más innovador y tecnológicamente avanzado es un esfuerzo colectivo, donde cada universidad, empresa y organismo gubernamental juega un papel fundamental.