24/08/2003

La vida desde una silla

En sólo un par de meses, el joven osornino ha alcanzado un impresionante dominio de la silla de ruedas.

Aquellos que no lo conocen, piensan que ha pasado largos años en su silla de ruedas, en virtud del gran dominio que exhibe sobre ella.

Diariamente, recorre varios kilómetros por las calles de Osorno, por sus propios medios, gracias al buen desarrollo muscular que ha alcanzado su tren superior, luego de la grave lesión a la columna vertebral, que le cambió drásticamente la vida.

Cualquiera podría decir que el cambio fue dramático, pero el técnico en Turismo de profesión, y artista y trotamundos por vocación, Juan Luis Dumont (27), toma su caso con una abismante naturalidad, la misma que impide observar su caso desde la compasión.

Más que pena, se siente prisionero. Y es lógico que así sea, ya que desde pequeño se ha caracterizado por ser un tipo en extremo inquieto.

Dumont no lleva mucho tiempo en silla de ruedas. De hecho, fue recién el 11 de enero de este año que un más que evitable accidente doméstico lo transformó en un minusválido.

En su casa de Guillermo Bühler, hace clases particulares de inglés, para lo cual aprovecha los tres años de estudio del idioma, durante el tiempo que vivió en Inglaterra, entre 1987 y 1990.

Juan Luis Dumont nunca ha estado quieto y asegura que el impedimento físico que le aqueja, no le cambiará la esencia, esa que los profesores del Colegio San Mateo conocieron de sobra.

"Mi vida sigue igual de movida, aunque pase la mayor parte del tiempo sentado", asegura.

Atrás quedaron los meses en que se desempeñó como empleado de la Royal Caribian, entre los años 1999 y 2000. A bordo de los lujosos trasatlánticos, conoció buena parte del mundo: una experiencia sacrificada, pero inolvidable.

 

EL ACCIDENTE

El 11 de enero del 2003, Juan Luis Dumont concurrió a la casa de amigos, en donde departió hasta altas horas de la madrugada. A las 9 horas, tenía que viajar con su familia hasta Temuco, fue entonces que tomó una decisión aparentemente lógica.

"Como quedaban dos horas para que nos vayamos a Temuco, no quise acostarme. Encendí la radio de mi pieza -en el segundo piso de la casa- y me senté en la ventana a escuchar música", recuerda.

Sin embargo, el cansancio lo venció y despertó en el antejardín, sobre una mata de chilcos. Su madre lo encontró minutos más tarde; estaba semi inconsciente, pero los gritos de su progenitora lo despertaron a medias.

"Me di cuenta de que algo muy grave pasaba, porque traté de pararme o acomodarme y no pude. Entonces, decidí cerrar los ojos y esperar", asevera Juan Luis.

Sintió que estaba muriendo y mientras se volvía a dormir, su inconsciente lo llevó a protagonizar una de las escenas de la película infantil Bambi. "En medio de los chilcos, pensaba que era la madre del cervatillo, cuando está agonizando. Tenía mucha pena; mi inconsciente buscó esa forma de señalarme que las cosas estaban muy mal".

En el Hospital Base de Osorno, el diagnóstico fue categórico: paraplejia completa, en el nivel L-3. En la práctica, esto se traduce en una absoluta insensibilidad desde la boca del estómago hasta las extremidades.

 

LA RECUPERACION

"Yo distingo los pronósticos de la medicina tradicional y de la alternativa, que integran la reflexiología, quiropraxia, masoterapia, reiki, aromaterapia, equinoterapia, etc... Lo segundo, es definitivamente mucho más alentador que lo primero", explica el joven osornino.

El daño de las vertebras T-11 y T-12, lo dejaron sin movimiento en un principio, no obstante hoy ya está moviendo sus piernas.

"Hay muchas cosas que la gente no ve. Yo demoro alrededor de 2 ó 3 horas en el baño, porque todo lo tengo que hacer arrastrándome. El hecho de perder la masa muscular de mis extremidades, ha hecho que mi circulación sea mala y que los huesos estén en contacto directo con la piel, lo que me produce escaras -heridas que tardan mucho en sanar-", indica.

A ratos confiesa que se aburre, pero asegura que todo esto le ha hecho madurar. "Tengo una polola con la cual estamos criando un hijo y eso me da otra visión de mundo: me quiero recuperar, quiero hacer muchas cosas".

 

LIMITANTES

En estos momentos, Juan Luis Dumont está montando una microempresa y toca regularmente con su grupo de música "Tripulantes".

-¿Cómo visualizas la infraestructura de la ciudad para los minusválidos?

-Osorno es una ciudad muy difícil. Yo ando por todas partes, hasta por caminos de tierra, pero cuando me encuentro con mis "colegas" me doy cuenta de que para ellos es un desastre. Hay muchas cunetas que no tienen accesibilidad para los minusválidos y una serie de servicios públicos a los que tampoco se puede acceder, a pesar de que la ley los obliga a ello. Cuando tengo que pedir ayuda, me siento como lisiado. Ya lo he dicho antes: denme permiso para picar las escalas y yo mismo les hago la rampa.

Dumont asegura que la silla tipo oruga que instaló la Municipalidad, no es la solución. "Me considero un tipo arriesgado, pero debo reconocer que jamás me volvería a subir a esa máquina de nuevo".

-¿Cómo ves la vida desde que eres minusválido?

-He aprendido mucho. Soy un hombre que ahora, aunque suene cliché, valora mucho más la vida. Me doy cuenta que jugué mucho con el factor riesgo, no me arrepiento, asumo, y aunque mi destino hubiese sido quedarme en silla para siempre, porque sé que no va a ser así, mi mensaje es amar la vida.

-¿Tienes un plazo para volver a caminar?

-Yo parto de una premisa: podría haber quedado inmovilizado para siempre, así es que aunque me tome toda la vida, lo voy a lograr. Siendo optimista, creo que en un año más voy a andar medio como que caminando, ojalá así sea.

 

Osornino de 23 años está a la búsqueda de un trabajo

 

Joven sordomudo acusa discriminación

 

Tiene 23 años y carga varias historias de supuesta discriminación a sus espaldas. Se llama Alvaro Ulloa, vive en una vivienda signada con el 1381 de calle Manuel Rodríguez, está sin trabajo, pero a través de señas intenta explicar que no se ha quedado quieto para conseguirlo.

Desde que tiene razón es sordomudo, discapacidad que le ha costado varios "portazos" en posibles empleos a los que se ha presentado; también su gran frustración: poder obtener una licencia de conducir que le permita encontrar ocupación.

Fue por esta razón que decidió exponer su caso, acusando, según dijo, una abierta discriminación en funcionarios públicos que jamás le han dado una respuesta a sus requerimientos, u orientación para realizar algunos trámites.

A través de su polola, Susana Bahamondes (29), Alvaro señala que está consciente que su discapacidad le imposibilita realizar algunas faenas, pero no conducir. "Sé que puedo hacerlo, pero ellos dicen que es imposible. Y conozco a una persona que tiene el mismo problema que yo, pero que obtuvo su permiso de conducir aquí en Osorno. Nadie me da una buena respuesta, no hay un trato digno por ser sordomudo, y eso me frustra aún más".

 

CUATRO AÑOS

Cuatro años han pasado desde que Alvaro Ulloa golpeó por primera vez las puertas del municipio, acción que repite una y otra vez obteniendo el mismo resultado. "No puede, imposible, no puede", cuenta que le han dicho, sin siquiera poder explicar o entregar argumentos que, según él, demuestren lo contrario.

Susana Bahamondes dice estar segura que "este es un caso de abierta discriminación. No hay igualdad para todos quienes presentan una misma realidad y eso no podemos dejarlo pasar. Alvaro quiere salir adelante; sabe de su problema y trabaja por superarlo, pero... si las entidades nos cierran las puertas así no más; entonces nos cuesta mucho avanzar".

 

DIRECTOR DE TRANSITO

El director del Departamento de Tránsito de la municipalidad de Osorno, Domingo Ortega, asegura no conocer el caso de Alvaro Ulloa, no obstante es categórico al señalar que discapacidades como la expuesta, para obtener una licencia, son evaluadas por una comisión técnica del Instituto Médico Legal en Santiago. "No puedo pronunciarme si no conozco la realidad en particular, de todos modos habían mayores facilidades hasta 1987; luego, todo es derivado a la capital, incluso, los que se relacionan con personas que requieren de audífonos para oir bien".

Ortega dijo que problemas como éstos no son expuestos con frecuencia en su departamento; no obstante, dice conocer de un trabajador de una empresa de buses que por años le ha insistido, en forma particular, que puede manejar sin dificultades.

 

Por Ricardo Alt y Francisco Reyes


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